POTAJE DE VIGILIA
El potaje de vigilia se considera uno de los pilares más entrañables de la gastronomía de la Semana Santa, y se ha servido tradicionalmente los viernes de Cuaresma en España.
Es un plato reconfortante lleno de historia y, sobre todo, perfecto cuando buscas algo nutritivo que te abrace el alma.
Una fascinante mezcla de fervor religioso, necesidad económica y pura supervivencia culinária; ejemplo perfecto de cómo una restinción impuesta, terminó convirtiéndose en una delicia gastronómica.
El reto era que había que alimentar a la población con platos que fueran muy energéticos para aguantar las jornadas de trabajo, pero no contuvieran ni un gramo de grasa animal y la solución eran las legumbres como base de proteína.
El bacalao en salazón permitía que el pescado viajase durante semanas sin estropearse.
Era barato aguantaba mucho tiempo en la despensa y, una vez desalado, aportaba una textura y un sabor potentes que sustituían perfectamente la ”sustancia” de la carne.
Ya en el siglo XVII, autores como Quevedo o Cervantes mencionaban platos similares. Aunque nació en los conventos y en las casas humildes, su receta se fue refinando.
Se añadieron elementos como el huevo duro para aportar una proteína extra permitida y el pimentón (que llegó de America) para darle ese color rojizo y sabor ahumado que recordaba a los embutidos.
Se suele servir de diferentes maneras, pero la más conocida es con huevo duro cortado en cuartos en el plato.
Hoy en día, aunque las reglas religiósas son mucho más relajadas, el plato sobrevive por una razón muy simple: está buenísimo. Es el triunfo del sabor sobre la prohibición, al final lo que empezó como una imposición religiosa terminó siendo una de las joyas de nuestra gastronomía.
El 10 de febrero se celebra el Día Mundial de las legumbres, en reconocimiento del valor que tienen las legumbres y también para crear mayor conciencia pública sobre los beneficios nutricionales y medioambientales de las legumbres en la producción sostenible de alimentos.
Si nos dejamos los ingredientes que vayamos a utilizar, encima de la zona de trabajo, cocinaremos de una manera más rápida y eficiente.
Ingredientes para 4 o 5 comensales:
- 200 grs. de cebollas
- 2 dientes de ajo
- 1 zanahoria
- 3 rebanadas de pan fritas
- 100 grs. de aceite de oliva
- 1 cucharada de pimentón dulce
- 400 grs. de garbanzos cocidos
- unos trozos de cardo cocido (opcional)
- 700 grs. de agua
- 250 grs. de espinacas
- 1 hoja de laurel
- 1 pastilla de caldo de pescado o de verduras
- 250 grs. de bacalao desalado
- sal al gusto
- huevos duros
Preparación:
Ponemos en el vaso 200 grs. de cebollas en cuartos, 1 zanahoria, 2 dientes de ajo, 100 grs. de aceite de oliva, 1 cucharadita de sal, troceamos 5 seg./ vel. 5 y sofreímos 8 min./ 120º C/ vel. 1 y ½.
Añadimos 1 cucharada de pimentón dulce, 80 grs. de garbanzos cocidos, las 3 rebanadas de pan fritas y 100 grs. de agua y trituramos 15 seg./ vel. 6.
Bajamos con la espátula los ingredientes al fondo del vaso y añadimos 600 grs. de agua, 250 grs. de espinacas, 1 hoja de laurel y 1 pastilla de caldo de pescado o de verduras.
Cocinamos 10 min./ 100º C/ ↺/ vel. cuchara.
Mientras se cocina vamos empujando las espinacas con la espátula.
Incorporamos los 320 grs. garbanzos restantes, 250 grs. de trozos de bacalao desalado y unos trozos de cardo.
Cocinamos 10 min./ 100º C/ ↺/ vel. cuchara, probamos de sal y rectificamos si es necesario.
Servimos y acompañamos el plato con un huevo duro partido en dos mitades.
Y a disfrutar galimoneando este delicioso potaje de vigília.












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